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sábado, 6 de marzo de 2010

Paulina Vinderman




La muerte de la imaginación
"Lo que más temo es la muerte de
la imaginación."
Sylvia Plath



El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
(nadie se ve)
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
(el más inútil)

La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
(y dice que es real)

¿Alguien pudo tocar a la desesperación?

Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.

El mundo es un hueco tapado con barniz
(y no respira.)

Sobrexposición

Y es allí, en ese pasto suave
de la obsesión a punto de revelarse,
donde el sonido y la furia del mundo
se atenúan
(tanto como costó acomodar el dolor:
un territorio chico
con un arroyo seco y un caballo)

Y es tan delgada la luz, la diferencia,
que puede oírse el golpe de la muerte
del amor,
mucho antes que los cuerpos se
separen, se bañen
y vayan hacia la vida bajo una luna despareja.

Como un barco en la noche
y la imaginación
que abandona la partida.

Encuentros
En el Jardín Botánico de mi ciudad no quedan
gatos (sólo estatuas),
ya no es un bosque en el que pueda perderme
con lava en el corazón.
En el lugar del corazón hay un hueco sombrío,
en el lugar del bosque una memoria esforzada.
Lo único que sobra es el miedo
y el miedo obliga a un simulacro del amor.

Si te invitara, si te invitara a mi ciudad
caminaríamos de noche por las grandes avenidas
sin mirar las vidrieras, como ciegos
tanteando el aire y las preguntas por hacer.
Dónde mostrar mi infancia sino en mis ojos
(quitaré la dureza, soplarás el dolor.)
“Los que soñamos palabras —diré— estamos condenados,
las no elegidas se vengan de nosotros,
nos desamparan, confunden las líneas y las luces
sin respiro en nuestros cuartos”.
Y me darás, en un bar del suburbio
un libro marcado prolijamente a lápiz todavía.
“Allí está todo —dirás— lo necesario,
lo permeable, el boleto de ida”.

El destino es simétrico y no tiene respuestas
salvo esta erosión, espacios como plazas,
donde las sombras aún pueden envanecerse
de pegarse al sol.

Paulina Vinderman nacida en 1944 es la poetisa que ha escrito estas bellas poéticas.Quienes quieran seguir leyendo más están sus libros: Los espejos y los puentes. (ed. Buenos Aires Sur, 1978). La otra ciudad. (ed. Botella al Mar, 1980). La mirada de los héroes. (ed. Botella al Mar, 1982). La balada de Cordelia. (Fundación Argentina para la poesía, 1984). Rojo junio. (Literatura Americana Reunida, 1988). Escalera de incendio. (ed. Último Reino, 1994). Bulgaria. (Libros de Alejandría, 1998). El muelle. (Alción Editora, 2003),etc.

Obtuvo la Faja de Honor de la SADE (1988) y el Tercer Premio de la Municipalidad de Buenos Aires (bienio 1988-89).

Poemas suyos han sido traducidos al inglés, al italiano y al alemán y fue incluida en numerosas antologías.

Y con respecto a tu pregunta de si alguien pudo tocar la deseperación. Sí todos tocamos la desesperación alguna vez al menos. Quien diga que no miente. Intensa mirada al mundo Paulina, mis respetos.