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miércoles, 14 de julio de 2010

Miguel Labordeta



Zaragozano, poeta Miguel Labordeta he ahí la presentación. Su poesía es de lo mejor y muy personal.Poesía de posguerra vinculada a la finitud de la existencia su decir es surrealista y metafísico.Es poesía de naúfragos entendiendo por esto que son palabras de alguien que ha pasado por experiencias nefastas como una guerra.Nacido en 1921 se caracterizó por ser un escritor libre, comprometido con el hombre. En 1945publicó su primer libro de poesías "Sumido 25".Luego vinieron otros poemarios como "Violento idílico", "Autopía","Epilírica", etc.Murió en 1969.

Puesto que el joven azul de la montaña ha muerto

Puesto que el joven azul
de la montaña ha muerto
es preciso partir.
Antes de ser golosamente asesinados
en los crepúsculos de la gran ciudad.
Antes de que las muchedumbres tristes de los metros
invadan el templo del Sol
definitivamente seducidas
por las noches de los trenes
es preciso marchar.
Desnudos y ásperos. Inigualables.
Y al partir preguntar por nosotros
indagar por nosotros
auscultar por nosotros
por nosotros mismos recordar
si tal vez se existió
y que una dulce soledad
nos responda en grave despedida.

ESCUCHA JOVEN POETA INADVERTIDO…

Escucha joven poeta inadvertido
escribe para todos
es decir para nadie

no lo olvides
del pueblo vienes
y el pueblo es tu raíz

en consecuencia
no hagas caso del pueblo

vuelve sagrado cuanto toques
natural
cuanto toques sagrado
vuélvelo natural

es decir
haz lo que te dé la gana
quema estas advertencias por favor

es mi consejo póstumo.

RETROSPECTIVA EXISTENTE

Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie, nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquello
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la Vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
que me diga quién fui yo.